México en terapia intensiva fiscal: el déficit que nadie quiere pagar

Análisis económico de México

México enfrenta su crisis fiscal más grave en casi un cuarto de siglo. Según cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda, el déficit heredado por Claudia Sheinbaum alcanzó el 5.9% del PIB en 2024, el nivel más alto desde el año 2000. En números redondos, el gobierno gastó casi dos billones de pesos más de lo que ingresó. Es como vivir con un salario de 20 mil pesos y gastar 28 mil de manera sostenida. La pregunta no es si duele: es cuánto tiempo se puede sostener.

Sheinbaum asumió la presidencia el 1 de octubre de 2024. Al día siguiente, las cuentas ya estaban sobre la mesa. Un día antes de presentar su Paquete Económico 2025, Moody’s bajó la perspectiva crediticia de México de estable a negativa, citando un “debilitamiento del marco institucional que podría socavar los resultados fiscales”. El mensaje a los mercados fue claro: México empieza a oler mal.

La respuesta oficial fue ambiciosa. El gobierno se propuso reducir el déficit al 3.9% del PIB. Para lograrlo, según cálculos de México Evalúa y el IMCO, se necesitan recortes del orden de 700 mil millones de pesos. El problema es que buena parte del gasto está blindado: el servicio de la deuda no se toca, las participaciones a estados tampoco, y las pensiones son políticamente intocables. Queda el gasto programable: salud, educación e infraestructura. Ahí caen las tijeras.

 La contradicción de los números

Aquí comienza la controversia. Mientras se anuncian ajustes, el gasto en programas sociales prioritarios aumentó 8.1%, de 773 mil a 835 mil millones de pesos. La pensión para adultos mayores concentra casi medio billón de pesos. No se trata de cuestionar la necesidad de proteger a los adultos mayores, sino de señalar una realidad matemática: cuando casi el 60% del presupuesto social se concentra en un solo grupo etario, los recursos para infancia, adolescencia, salud y educación se comprimen.

El resultado es visible. Reportes de Expansión documentaron menores existencias de medicamentos, citas más tardadas y equipo sin renovar en el IMSS durante 2025. El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) proyecta que el gasto en salud podría caer a 2.3% del PIB hacia 2030, un mínimo histórico. En educación, México Evalúa registra recortes en básica y media superior, con universidades congeladas. La inversión pública en infraestructura cayó 14%. Se está sacrificando el futuro para sostener el presente político.

El problema no empezó en 2018

Culpar exclusivamente a Andrés Manuel López Obrador sería incompleto. México arrastra un problema estructural de décadas. Durante años vivió del petróleo: en los ochenta y noventa, los ingresos petroleros representaban hasta el 40% de los recursos del gobierno. Hoy son menos del 15%. La producción viene cayendo desde 2004 y ninguna reforma logró revertir la tendencia de forma sostenible.

A esto se suma una de las recaudaciones más bajas de la OCDE: entre 16% y 17% del PIB, frente a un promedio del 34%. Las razones son conocidas: informalidad cercana al 60%, evasión fiscal sofisticada y un entramado de exenciones y regímenes especiales acumulados por gobiernos de todos los colores. Cada sexenio pateó la lata: gastó más de lo que entraba, se endeudó un poco más y dejó el problema al siguiente. Sin embargo, López Obrador lo hizo a mayor escala con el Tren Maya, Dos Bocas y el AIFA. Ahora le toca a Sheinbaum pagar la cuenta de todos.

Lo que dice el gobierno… y lo que dicen los mercados

El secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora, sostiene que no se están recortando áreas sensibles, sino “optimizando”. Argumenta que el déficit de 2024 fue excepcional por obras ya terminadas y que el combate a la evasión está dando resultados: entre enero y agosto de 2025, los ingresos tributarios superaron lo programado en más de 88 mil millones de pesos. Sheinbaum insiste en que todavía hay espacio para aumentar la recaudación sin una reforma fiscal profunda.

Los mercados no le creen del todo. Citi Banamex proyecta un déficit más cercano al 4.5% que al 3.9%. El FMI estima un crecimiento de 1.4%, lejos del 2.3% oficial. La OCDE llegó a proyectar contracción. Cuando las proyecciones del gobierno no son creíbles, las políticas se construyen sobre arena.

 ¿Hay salidas?

  • Sí, pero ninguna es indolora ni rápida.
  • El nearshoring sigue siendo la mejor carta: empresas que abandonan China están llegando a México. Si se acompañan de certidumbre jurídica e infraestructura, pueden ampliar la base formal sin subir tasas impositivas.
  • Formalizar al 60% de trabajadores en la informalidad es otra palanca, aunque la experiencia internacional muestra resultados mixtos.
  • La inversión privada en infraestructura vía concesiones transparentes, una reforma profunda al sistema de pensiones y el recorte de grasa burocrática son opciones reales.
  • La digitalización fiscal puede ayudar, pero sin límites claros corre el riesgo de presionar más a quien ya cumple que a los grandes evasores.

Claudia Sheinbaum no causó este desorden, pero sí es responsable de administrarlo. Hasta ahora ha logrado mantener los programas sociales y mostrar una mejora en la recaudación sin subir impuestos formalmente. Sin embargo, los servicios públicos se deterioran, las proyecciones oficiales no convencen a los mercados y no se percibe una estrategia de largo plazo. Todo parece ser gestión de incendios.

México no está quebrado. Está en terapia intensiva. Tiene hasta 2030 para demostrar que se puede reducir el déficit sin destruir las bases del crecimiento futuro. Los números no mienten y las opciones no son infinitas. El equilibrismo es casi imposible: complacer a la base, tranquilizar a los mercados, lidiar con Trump y gobernar con recursos escasos. Cualquiera que ofrezca soluciones fáciles está mintiendo.

 

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